La Puerta de la Ribera del Duero
San Esteban de Gormaz no se visita: se recorre despacio, se saborea. Porque en su historia, en su río y en su gente, late el alma de la Ribera del Duero.
Tres razones para venir
Patrimonio, naturaleza y gastronomía en un mismo destino
Historia y Patrimonio
Los templos más antiguos del románico castellano, un castillo milenario y las primeras Cortes de Castilla.
Naturaleza y Duero
Riberas, senderos del GR-14 y biodiversidad a orillas del río.
Viñas y Gastronomía
Bodegas subterráneas, viñedos de la Ribera del Duero y sabores de la tierra.
El alma de Castilla junto al Duero
Entre el Duero y las colinas donde nacen las viñas, San Esteban de Gormaz guarda el alma de Castilla.
Fue villa de frontera y hoy es puerta abierta a la Ribera del Duero: un lugar donde el río sigue marcando el ritmo de la vida, donde las piedras del románico cuentan historias de fe y de leyenda, y donde el aroma del sarmiento anuncia que el fuego sigue siendo el corazón de la mesa.
Aquí, entre bodegas subterráneas y atalayas, el vino se confunde con la memoria, los asados reúnen a las familias y el tiempo se mide en vendimias. Cada rincón conserva la calma y la fuerza de la tierra, el murmullo del agua, la luz dorada sobre los viñedos.
“"La gente de San Esteban, como muy buenos que son, a Minaya y a los suyos muy bien que los recibió; de vino, trigo y viandas tributo les ofreció." — Cantar de Mío Cid. Folio 5v”
Naturaleza y Duero
"Río Duero, río Duero, nadie a acompañarte baja; nadie se detiene a oír tu eterna estrofa de agua." — Romance del Duero (Gerardo Diego)
El Duero atraviesa San Esteban de Gormaz como lo ha hecho durante siglos, modelando sus riberas, sus huertas y la vida de sus habitantes.
A lo largo del GR-14, el paisaje combina sotos, pasarelas de madera, antiguos pasos del río y miradores desde los que se ven las vegas y los viñedos que acompañan su curso.
Las orillas conservan una rica biodiversidad: chopos, álamos, tarayales y aves ligadas al cauce fluvial que encuentran aquí un entorno tranquilo y bien preservado.
Caminar junto al Duero, cruzar su puente medieval o seguir sus sendas es descubrir la relación histórica entre la villa y el río que ha sido, desde la Edad Media, frontera, vía de comunicación y fuente de vida.








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