A solo cuatro kilómetros de San Esteban de Gormaz, entre campos de cereal, viñedos, encinares y sabinares, se encuentra Quintanilla de Tres Barrios. Esta localidad atesora un importante pasado histórico visible en vestigios como la antigua calzada romana que unía Uxama con Clunia (con losas aún observables en el paraje de La Calzadilla) o el paso de la históricamente relevante Cañada Real Soriana.
Documentada desde el siglo X como Quintanilla de Santisteban, la localidad funcionó durante siglos como pago, arrabal y alfoz de San Esteban de Gormaz.
Declarada Bien de Interés Cultural en 2014, esta torre-vigía cilíndrica de 10 metros de altura y muros de un metro de espesor es el gran símbolo del pueblo. Situada en una loma a dos kilómetros al sur del casco urbano, formaba parte de la red de vigilancia de la Frontera del Duero durante la Reconquista. Desde su parte superior ofrece una panorámica estratégica del valle del Duero, San Esteban de Gormaz, las atalayas de Osma y el Castillo de Gormaz.
Templo erigido entre los siglos XVI y XVII (con la fecha de 1586 grabada en el dintel de su puerta interior). Destaca por el artesonado de su ábside, decorado con los escudos de familias nobles como los Luna o los Sandoval, un baldaquino barroco y las tallas de la Virgen de la Piedra y el Cristo de la Misericordia.
Espacio museístico inaugurado en 2007 que exhibe aperos agrícolas, útiles del hogar, piezas de viticultura y una colección de fotografía histórica.
Antiguo taller artesanal restaurado para poner en valor oficios tradicionales, conservando el fuelle, el yunque, la rueda de afilar y el fogón original.
En el entorno de Quintanilla destaca Las Chorreras, un singular paisaje esculpido por la erosión del agua sobre laderas arcillosas. Es accesible siguiendo el trazado de la Cañada Real o el de la antigua calzada romana.
Quintanilla de Tres Barrios reúne en su término la esencia histórica de la Frontera del Duero y la autenticidad del medio rural soriano. La majestuosidad de su atalaya islámica, las huellas de la calzada romana y el esmero con el que sus vecinos han recuperado sus espacios etnográficos hacen de esta localidad un destino de referencia para el turismo cultural y paisajístico en la comarca.